9.9 Recepción de los embajadores por el shah Abbas (Parte 2)
(abril de 1619)
Comenzose luego el vanquete, ó mas propiamente la colacion, porque fuera de las cosas de azucar no auia mas que pepinos y granos de agraz y ciruelas verdes, pero mucha cantidad de aquellas garrafas de oro, con diferentes vinos, y otras de agua de nieue, aunque del agua jamás se ofrecia á nadie sin que particularmente la pidiese. Estauan algunos porteros y otros ministros con bastones guarnecidos de ero, algo apartados, y delante del rey y de cada uno de los enbaxadores un muchacho vestido de tela de oro ó de seda, y toca de oro en la cabeza, colgando por anbos lados grandes guedejas de cabellos, sigun ya se a dicho que en Persia se acostunbra, los quales, dobladas las piernas y sentados sobre los talones, teniendo en la una mano una garrafa de las dichas y en la otra una taza, dauan de beuer á los que eran brindados, ó sin serlo lo pedian, beuiendo, tanbien ellos mesmos y brindando á los que tenian delante.
El rey hizo el primer brindis al Enbaxador de España por la salud de su rey, y después á los demás, siendo la principal fiesta el bever muy a menudo, con gran molestia del Enbaxador por no beuer vino sino en aquellas ocasiones. Y auiendo el rey dicho al principio como llegó, que quando gustase podia irse, le pidió licencia, hallándose muy cansado, comenzando luego á hazer lo mesmo algunos de los que alli estauan.
Al tienpo que salió al Maydan, caminando á su posada lo halló todo tan ocupado de la gente armada de que ya se hizo mencion, auiendo acudido mucha mas, que casi sin dexar lugar vazio, todo aquel espacio de mas de 600 pasos de largo y 300 de ancho estaua constipado de turbantes, penachos, cimitarras y arcabuzes, dexando apenas lugar, y esto por los muchos palos y bozes de algunos criados del rey que iuan delante para que el Enbaxador y sus criados pudieran pasar.
Después de auer rreposado en su posada el Enbaxador llegó con mucha priesa, poco antes de anochecer, el Maymandar, diziendo como el rey le aguardaua, porque aquella noche queria festejar á sus huespedes en los bazares y caravasar que se a dicho atrás, auiendolos mandado aderezar para este fin muchos dias auia. Y aunque era mucho para sentir la dicha fiesta entre tan inumerables luzes y rriguroso calor, aunque le pesó se uvo el Enbaxador de boluer á vestir y salir al Maydan ya quando anochecía, adonde halló al rey á cauallo, un poco apartado de los demás enbaxadores y de otro gran número de cortesanos muy luzidos y en buenos cauallos, auiendose ya rrecogido la infantería que alli auia estado antes.
Luego como el Enbaxador llegó, haziendose adelante el rev le llamó y se fue paseando con él á un lado de aquella gran plaza, siguiéndole los otros, quinze ó veinte pasos apartados, y parece que de industria auia mandado que alli le aguardasen cinco ó seis mercaderes de Bucara y Samarcant, ciudades primarias de los usbeques y chacatais, porque muy de proposito se paró con ellos á hablar, informándose dellos de lo locante á aquellas prouincias que, como atrás se a dicho, son las antiguas y famosas Batra y Sogodia. Y sigun después el Enbaxador supo de su intérprete, que le tenia consigo, entre otras cosas de que se informó de los dichos mercaderes el rey fue del viage que hazian las caravanas cada año de Balcha, Bucara y Samarcant, a Canbalec en el Catayo, con el tienpo que se gastaua en la venida y buelta; y quando se quiso apartar dellos les dixo como el Enbaxador que alli estaua era del rey de España, el mayor rey de los francos, lo qual se echo claramente de ver por dezir el rey de Persia: el Chi Hispania, que es lo mesmo que el Enbaxador de España, y por la cortesía que le hizieron los mercaderes baxando mucho la cabeza.
Partió luego con mucha priesa, y al parecer enfadado, porque los que auian quedado atrás, que eran los demás enbaxadores y otra mucha gente de los criados del rey, se auian acercado mas de lo que el quisiera, y se entro en el bazar grande que por todas quatro partes rodea el Maydan, á donde se vio un grandissimo tumulto con la muchedunbre de cauallos y gente de pie que arremetió con furia á seguirle. Y como no auia mas anchura que la calle del bazar y corriendo los cauallos se inpeliesen y apretasen unos á otros, caian algunos dellos con muchos de los de á pie que alli aguardauan á ver al rey y á los demás que le aconpañavan.
Auia salido aquella tarde el Enbaxador de España en un cauallo tártaro que el rey le auia dado el año antes en Casbin, el qual, aunque en lo demás era muy bueno, se espantaua de las sonbras que las lunbres hazian de noche, y ansi se rreparó á la entrada del bazar de manera que con la vara, ni dándole de los pies, lo podia hazer que pasase adelante, y como cargase gran golpe de honbres y cauallos, y los lacayos y jateres, con otros honbres á pie, criados del Enbaxador, violentamente hiziesen plaga para que pudiese pasar, se amontonauan mas los que venían al suelo, de manera que el camino estaua del todo inpedido. Este gran tumulto y alboroto se acrecentó mas, porque viendo el rey que el Enbaxador de España no parecia mandó á los que mas cerca se hallaron que boluiesen a buscalle y viniesen con él, los cuales venían dando bozes diciendo: ¡el Chi Hispania!, y como con la priesa y tropel que traian encontrasen con los que estauan detenidos y caídos, no podían los unos rronper por los otros.
Al fin, auíendose hecho mucha fuerza, [pasó] el Enbaxador delante y halló al rey en la puerta de una casa que está en el mesmo caravasar, que es de las partes mas públicas y celebres de Spahan, por venderse allí la caua, que es un genero de beuida de que ordinariamente beuen por mediciina y regalo los persianos, y ansí le llaman la casa de la caua; la qual es una agua de color negra y muy amarga, confaccionada con ciertas yeruas, persuadiéndose todos que es muy saludable y confortatiua para el estomago, y la toman muy caliente en unas porcelanas pequeñas, soruiendola poco á poco en tragos muy pequeños, primero soplando á cada trago, no pudíendo por su mucho calor lleuarla de otra manera.
Crianse en esta casa cantidad de muchachos de todas naciones, pero en la secta mahometanos, muchos de los quales son de casta de cristianos circasos, georgianos y armenios, siendo aquella su morada y escuela pública de bayles desonestos y de otros muchos vícíos peores, como en la discripcion de Spahan se a ya hecho mencion. Esta deuota casa tenía el rey destinada para festejar los enbaxadores esta noche, entrándose luego con ellos como el de España llegó, lleuandole á su mano izquierda, como lugar entre los orientales, desde su primera antigüedad, mas honorífico, y al de Laor á la derecha, aunque como honbre de pocas cerimonias, muchas vezes, ansí en esta noche como en las siguientes se mudaua este orden, caminando sienpre los demas detras.
Llegóse á una quadra grande en que auia en medio una fuente, estando todo el aposento hasta el techo ó cinborrío lleno de infinitas lunbres, con los espejuelos y demás adorno que se a dicho auia en los bazares; lo demás sin ningún aparato mas de un gran poyo á un lado, tres pies alto del suelo, a donde el rey se subió y conbidó á los Enbaxadores de España y Laor que hiziesen lo mesmo, de los quales este vltimo subió arriba, y el primero, porque casi alcanzaua á estar sentado, se quedó medio arrimado al dicho poyo, cerca del rey, quedando de la otra parte los enbaxadores del Turco y Duque de Moscouia, de Balcha y Capha.
Quiso el rey que en parte tan indecente como esta le diesen de cenar, que fue con tan poco aparato y lauticia que solo vinieron dos ó tres platos con carnero, y gallinas asadas, partiendo, ó por mejor dezír, despedazándolas él mesmo con las manos y dando á los que mas cerca
se hallaron, dellas, escusandose el Enbaxador de España de no cenar por auer aquella mesma tarde cenado y comido juntamente en su posada, pero beuio dos vezes que el rey le brindó.
En el interin de esta mas que militar y lacónica cena baylauan una gran tropa de muchachos, y al cabo mandó el rey que otros dos que hazian este exercicio mejor que los demás, auiendo entre ellos conpetencia de qual lo hiziese mejor y teniendo cada uno dellos muchos valedores en su favor, que pareciesen allí para que á porfia, como en duelo, baylasen ellos dos solos. Vinieron luego muy aderezados y galanes, uno de los quales era de Circassia, aunque rrenegado, y el otro persiano, de la mesma ciudad de Spahan, pero los gestos de entranbos como de muy hermosas mugeres, los quales por muy grande espacio mostraron su abilidad con varias diferencias de bayles, aunque muchos dellos indecentissimos y de tanta molestia para algunos de los que alli se hallaron, como de atencion y gusto para otros. La música era de aquellos grandes panderos de que tantas vezes se a hecho mención, y algunas flautas de la forma de cherimias, alabándola los mas tanbien como el bayle.
Pero lo que en esto uvo mas que notar y mucho para rreir tue que se halló presente á este acto el padre del muchacho persiano, que era jugador de manos y bolteador y auia en Xiras entretenido con su arte un día al Enbaxador de España quando el año antes estuuo en aquella ciudad. Este vino tan cuydadoso y sumamente congojado de que en la dicha conpetencia tuuiese su hijo mas voceos que el circasso, que todo el tienpo que duró el bayle, que fue mas de una ora, estuuo él trasudando y haziendo los mesmos ademanes, con tan esquisita suspensión de animo que dio mucho que rreir á los que miraron en ello.
Algo apartados de donde el rey se hallaua estauan en pie sus dos hijos, prefiriéndoles en el lugar, no solo todos los enbaxadores, pero los demás ministros y personages de la corte, los quales, sin mostrarles nadie señal alguna de rrespeto y cortesia, estauan muy humildes y demisos, teniendo el menor dellos, que se llama Emancoli Mirza, la cimitarra y zapatos de su padre, y como se a dicho ya en la rrelacion de Casbin era gentil honbre y blanco y de diez y siete ó diez y ocho años de edad, y con ser tan mozo auia tres que era casado y tenia ya dos hijos.
Y viendo el rey que el Enbaxador de España miraua á la parte adonde ellos estauan, le dixo:
el menor de aquellos mis hijos, que es [el] que tiene mi cimitarra, es honbre de bien y lo a de ser; pero el otro es un vellacon y no tiene jamas de valer nada; á lo qual le rrespondio el Enbaxador que siendo entranbos sus hijos no podían dexar de heredar tanto del mucho valor de su padre, que cada uno dellos adelante no acrescentasen y honrrasen el reyno de Persia. Pero boluiendo á rreplicar el rey: el mayor es un vellaco.
Se leuanto, y lleuando á los enbaxadores de España y Laor á los lados fue mirando los bazares continuados con este y que rrodean todo el Maydan, los quales estauan todos aderezados en la forma que se a dicho, con infinidad de lunbres, rrecibiendose grandissima molestia por el mucho calor. Este se acrecentaua, demas de ser principio del estio, por la mucha gente que auia cargado en los bazares y de los que aconpañauan al rey, sin las familias de los enbaxadores, que algunos dellos iuan muy congoxados haziendo diligencias por pasar adelante por mejorarse de lugar.
Y como ya después de auerse gastado mucha parte de la noche en este paseo, que era á pie, porque los mercaderes cada uno quería que se mirase el aderezo y ornato de su tienda, se llegó al caravasar á donde pocos dias antes se auia hecho la fiesta de las mugeres, que era el que estaua mas curioso y costoso por auer alli los mercaderes mas rricos. Y aunque por el vazio del patio estuuiese el aire menos inflamado, hallándose muy cansado el Enbaxador de España pidió al rey licencia para irse á descansar á su posada, señalando el rey por donde podría llegar mas presto á ella y diziendole que no se partiría de Spahan sin hablarle muy de espacio.
(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo V, pp. 377 – 383)
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